
La biología moderna del comportamiento considera a la actividad deportiva como una forma esencialmente modificada de la conducta de caza. El jugador de fútbol actual aparece como un miembro de una enmascarada horda de caza cuya arma mortal se ha transformado en una pelota inofensiva y su presa en un arco. Si su objetivo se cumple y marca un gol, el jugador disfruta del triunfo del cazador que ha matado a su presa.
Durante cerca de un millón de años nuestros antepasados evolucionaron hasta transformarse en expertos cazadores en equipo. Su supervivencia dependía del éxito en el campo de caza. Bajo esta terrible presión, todo su estilo de vida, incluido su cuerpo, cambió radicalmente. Se transformaron en cazadores, corredores, saltadores, tiradores, lanzadores y asesinos de presas, trabajando cooperativamente en un grupo de machos atacantes.
Hace unos 10.000 años atrás, después de ese larguísimo período formativo en el que cazaban su alimento, se transformaron en granjeros. Su inteligencia, pulida a lo largo de los años y puesta al antiguo servicio vital de caza su alimento, se adaptó ahora a criar, controlar y domesticar sus presas.
La caza quedó relegada y se hizo obsoleta. La comida se encontraba en las granjas de modo que el riesgo y la incertidumbre de la cacería ya no fueron esenciales para su supervivencia. Así, las habilidades y apremios del cazador demandaron una nueva vía de escape…
De esta manera, la cacería deportiva reemplazó a la cacería de supervivencia.